29. junio 2026
Filtraciones, Zapatero y la paradoja de la Ley de Partidos:
cuando la justicia protege a quienes la dilapida
Anteriormente publicado el 18/06/2026
Por G.R.S.
El presente artículo no va de Zapatero, va del cómo el Derecho sostiene a quienes viven de dinamitarlo, del cómo la arquitectura institucional permite insultos, querellas y acusaciones espurias mientras garantiza que quienes las lanzan sigan plenamente operativos en el tablero judicial y político.
Y, sobre todo, va de la ironía final de quienes denuncian incesantemente una dictadura, mientras se manifiestan para insultar y menoscabar la democracia que les ha posicionado en la opocición parlamentaria. Existiendo de hecho gracias al sistema garantista que solo quieren para ellos, pues para las demás, acostumbran a pedir la máxima severidad.
Cuando las garantías procesales protegen a quienes más las desprecian
Hay filtraciones que no solo contaminan un procedimiento; también erosionan la confianza en las instituciones del Estado social y democrático de Derecho en el que deberíamos vivir. La reciente difusión de audios en un proceso de alto voltaje político vuelve a plantear la pregunta que nadie se formula sin mirar antes alrededor: quién filtra y con qué propósito.
Para algunas personas, el quién, el cómo y el porqué importan poco. Salvo claro está, que seas el Fiscal General del Estado, porque entonces cualquier sombra bastará para hacerte temblar, porque una de dos, o habrás sido tú o alguien de tu entorno. El principal principio rector de las garantías básicas del Derecho Penal: in dubio pro reo. No bastará para salvarte. —D.E.P. Iustitia—.
No pretendo imputar a Sus Señorías, a quienes debo presumir la máxima imparcialidad salvo prueba en contrario, ni señalar a ninguna otra parte concreta personada en la causa que da pie al presente artículo. Porque a juicio de este autor, lo relevante es constatar que, en un ecosistema donde el juicio paralelo se ha convertido en herramienta política, la sospecha ya no es un accidente. Es el síntoma de la lógica que puede otorgar acceso a ostentar el poder ejecutivo, que a su vez decide quiénes, entre muchas personas excelentes, pueden aspirar al órgano de gobierno del poder judicial. Y ese órgano es el que después determina quiénes ocuparán las más altas Salas y Cortes de Justicia del Reino de España: Tribunal Supremo, Tribunales Superiores de Justicia, Audiencia Nacional, Audiencias Provinciales, así como del resto de Tribunales de Instancia.
Es por ello, que cuando este síntoma se repite, uno empieza a preguntarse si el problema estará en los pacientes o en el propio sistema inmunitario del Estado, el cual arrastra inercias muy profundas. Un Estado que pasó de dictar sentencias sumarísimas condenando a muerte, para pasar a castigar a la figura axiomática de lo idóneo, el otrora "buen padre de familia", que corregía la histeria díscola de quienes hasta entonces eran casi posesiones, permitiendo incluso el divorcio.
No debemos olvidar el odio de muchos altos cargos de nuestras sacrosantas instituciones hacia el Presidente Zapatero, que vivieron como un escándalo la obligación de casar a personas del mismo sexo, llevando incluso la cuestión al Tribunal Constitucional, el cual les recordó, el sometimiento pleno que debe nuestra Constitución, a la Declaración Universal de Derechos Humanos.
El arte de morder la mano que te protege
La presunción de inocencia: molesta.
Las garantías procesales: molestan.
La separación de poderes: molesta.
La Ley de Partidos: molesta. Máxime cuando el artículo 9.1 obliga a "los partidos políticos ejercerán libremente sus actividades. Deberán respetar en las mismas los valores constitucionales, expresados en los principios democráticos y en los derechos humanos. Desarrollarán las funciones que constitucionalmente se les atribuyen de forma democrática y con pleno respeto al pluralismo."
Esa incomodidad, no es un accidente casual. Es la expresión de una cultura política que exige al Estado una severidad quirúrgica para los adversarios y una indulgencia sacramental para los propios. Una cultura que desprecia las garantías mientras las exprime, que denuncia desde la impunidad que solo un sistema garantista y protector de lo que quedó bien atado puede ofrecer, convirtiendo cada procedimiento en una liturgia del agravio.
Sin esas garantías, vulneradas en juicios mediáticos paralelos —las mismas que algunos tertulianos y medios de comunicación insultan mientras viven de ellas— el mapa político español sería irreconocible. Y quienes hoy se proclaman víctimas del sistema, serían, paradójicamente, sus primeras víctimas reales si las instituciones del Estado actuaran con el mismo ardor y rigor punitivo que algunas exigen para los terceros. La ironía es tan evidente que apenas necesita explicación, basta observar quién sigue ocupando escaños, quién sigue presentando querellas y quién sigue gritando “dictadura” desde los micrófonos que la propia democracia les garantiza.
En fin… hay quien vive del sistema al que insulta y prospera gracias a las garantías que desprecia. No deja de tener su gracia el acto de rebeldía que no es más que un privilegio disfrazado de épica.
Lo dicho, nada resulta más elocuente que ver a quienes se proclaman oprimidos ejercer, sin pudor alguno, todas las libertades que dicen no tener.
Alberto Núñez Feijóo analiza la actualidad política - El Hormiguero

El autor del artículo no dando crédito de lo que observa desde el teléfono móvil.
La respuesta de ZAPATERO al Juez sobre la EMPRESA de sus hijas
En el vídeo de arriba puede escucharse uno de los audios filtrados de una parte de la declaración del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.
El Derecho como dique frente al oportunismo político
El Derecho no es un decorado institucional ni un telón de fondo para tertulianos. Es el único muro que separa la democracia del capricho. Por eso resulta especialmente irónico observar cómo ciertos actores políticos —que no dudan en calificar al Gobierno de “criminal”, “golpista”, “dictatorial”, “mafioso”, y demás fauna retórica— ejercen sin pudor su derecho a querellarse, personarse y litigar gracias a las mismas garantías que desprecian en público.
Garantías que, por cierto, les protegen de algo que la Ley Orgánica 6/2002 de Partidos Políticos (LOPP) permite proponer al Gobierno y a la Ficalía General del Estado, la ilegalización de partidos que vulneren principios democráticos mediante conductas graves y reiteradas.
Conviene recordarlo, porque la memoria política es selectiva y la jurídica, ultimamente, parece que aún más.
Lo que dice realmente la Ley de Partidos
La LOPP, en su artículo 10.2, enumera conductas que pueden justificar la ilegalización de un partido político. Entre ellas:
- Legitimar acciones violentas como método político.
- Dar apoyo político o cobertura a organizaciones que vulneren derechos fundamentales.
- Deslegitimar sistemáticamente las instituciones democráticas.
- Fomentar el enfrentamiento social vinculado a dinámicas de exclusión o intimidación.
No es necesario afirmar que ningún partido estatal incurra en estos supuestos en sentido técnico-jurídico. Pero sí es legítimo —y necesario— señalar que la frontera entre la crítica política y la deslegitimación institucional se ha difuminado estos últimos tiempos peligrosamente.
Y que, si se aplicara la LOPP con el mismo ardor inquisitorial con el que algunos reclaman ilegalizaciones ajenas, más de uno tendría que explicar muchas cosas en la sede jurisdiccional. Aunque por otra parte, si al juzgador, el órgano de gobierno lo traen de un puesto oficial en el extranjero porque jugó al truc, cabe la posibilidad que no tenga nada por lo que temer.
Conclusión
Hay que ser optimista. A quien está cubierto de mierda hasta el cuello no le ayuda nada entregarse al pesimismo, porque entonces pierde incluso el último hilo de esperanza. El tiempo mejor invertido es el que permite encontrar un resquicio de luz en medio del lodazal, un detalle que recuerde que no todo está perdido, que incluso en el peor escenario queda algo a lo que agarrarse. Aunque te sujetes a una deidad con los ojos vendados, le susurren al oído y, de vez en cuando, incluso, puedan guiarle la mano con la que sujeta la espada.

Aunque cueste ver la actuación de Themis, no debe perderse de vista que cualquier otra acción, como p. ej. la autocompositiva, además de ser contraria a la norma, nos conduce inexorablemente a lo que trata de evitarse, que no es otro distinto al aforismo de "la ley del más fuerte".