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29. junio 2026

Cuando la fuerza olvida sus límites

Publicado el pasado día 26/05/2026 editado el 17/06/2026

Asunto: Derecho de reunión, libertad de expresión y proporcionalidad policial.

Por G.R.S. 

“Son muchas las cosas sobre las que se está obligado a manifestar y escribir cuando eres una persona a la que llaman letrada, empero son más las que has de leer”.

El origen del artículo

El episodio ocurrido en el aeropuerto de Bilbao, a raíz de la llegada de activistas de la Global Sumud Flotilla, vuelve a recordarnos algo esencial: los derechos fundamentales no son una concesión del poder, sino un límite infranqueable frente a cualquier forma de arbitrariedad.

Derechos que no se negocian son el armazón que limita 
al poder.

Los derechos fundamentales —como p.ej. la libertad de expresión, el derecho de reunión, o la prohibición absoluta de tratos degradantes contra la integridad física de las personas— forman parte del núcleo duro del Derecho Internacional Público y por tanto del orden internacional. 

No son concesiones del poder para los individuos, sino que son simple y llanamente los límites infranqueables positivados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, los Convenios de Viena y La Haya, así como del conjunto de normas de ius cogens.

Ese armazón —el antiguo ius gentium de la escuela salmantina— existe para algo esencial desde el s.XVI, que no es para otra cosa distinta que contener al poder cuando el poder olvida sus límites. Sin este marco normativo perentorio o de obligado cumplimiento, la autoridad se convierte en arbitrariedad y la seguridad en excusa para erosionar garantías. Y eso es así, no porque lo diga fulano o cetano, sino porque la historia y el presente nos muestra claramente, que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Global Sumud Flotilla: desde el extranjero a Bilbao, bajo escrutinio jurídico

La Global Sumud Flotilla es un movimiento internacional de activistas que denuncia vulneraciones sistemáticas del orden jurídico internacional. Su retención en Israel —en un contexto de denuncias por violaciones del Derecho Internacional Humanitario y del CONVEMAR— condiciona su estado emocional, su percepción de riesgo y su relación con la autoridad uniformada.

Su llegada a Bilbao debería haber supuesto un retorno inmediato a la normalidad jurídica. Sin embargo, las imágenes difundidas por el Consejero de Seguridad del Gobierno Vasco muestran una intervención policial que exige un escrutinio reforzado por:

  • Las órdenes incomprensibles para quienes venían de sufrir no solo una retención ilegal en el extranjero, sino también malos tratos.
  • El clima de tensión innecesaria en un espacio de máxima seguridad como el de un aeropuerto internacional, el cual debe proporcionar no solo seguridad, sino también mucha clama.
  • La necesidad de golpear a las personas que se encuentran reducidas en el suelo.

La cuestión no es política, es estrictamente jurídica

  1. ¿Se respetaron los estándares de proporcionalidad, necesidad y mínima intervención? 
  2. ¿Se valoró el contexto previo de las personas afectadas? 
  3. ¿Se actuó conforme a los límites que el ordenamiento impone al uso de la fuerza?

Trauma, reacción y Derecho: lo que no puede ignorarse

La literatura clínica es clara en lo que respecta a las víctimas que han sido sometidas a maltrato institucional, como verbigracia, retenciones ilegítimas, violencia institucional, etc. Estas pueden reaccionar con ansiedad, defensa o evitación ante estímulos asociados al trauma —p. ej. los uniformes, las órdenes, los espacios cerrados y el control físico—. 

La psiquiatría y la psicología clínica acostumbran a encuadrarlo dentro del estrés postraumático.

Por ello, quienes han sido detenidos en aguas internacionales, en contra del CONVEMAR y del derecho de paso pacífico. Trasladadas a un país que consiente el apartheid y los asesinatos diarios sobre inocentes por razón de su origen, etnia y cultura, además, de someter a maltratos y vejaciones a las personas que tienen detenidas a disposición de la autoridad del país. Pueden experimentar respuestas intensas ante una nueva intervención uniformada y autoritaria, no resulta nada descabellado reacciones contrarias a la autoridad cuando se a sido víctima del uso de la fuerza por parte de otras autoridades. Esto no es una especulación, es un hecho documentado.

El Derecho, si quiere ser garantista, no puede desentenderse de estos condicionantes. La proporcionalidad no se mide solo por la fuerza aplicada, sino también por la situación psicológica y contextual de quienes la reciben, por muy proporcional que esta sea llamada. Existen muchas formas distintas para resolver los malos entendidos, muchas y muy distintas al uso de la fuerza. Ahí reside gran parte del problema, el uso de la violencia como mecanismo de contención de masas, con ello podrán mostrar la fuerza que sin duda tienen quienes se entrenan casi a diario con el uso de bastones policiales, pero perderán las razones por las que algun día se les otorgó la capacidad para sostener dichos bastones.

Autoridad, imposición y dignidad humana: la última línea de defensa

La máxima de Lord Acton expuesta anteriormente —“el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”— sigue del todo vigente. El monopolio del uso de la fuerza solo es legítimo cuando se ejerce con contención, transparencia y sometimiento pleno a la ley.

Cuando en cambio la sospecha sustituye al juicio, cuando la fuerza se aplica sin necesidad y cuando la autoridad se confunde con imposición, el Derecho deja de ser un marco de garantías para convertirse en un espejo incómodo para quienes les cuesta atender a las razones de las demás personas. Y es entonces, cuando debe entra en juego el amparo judicial, constitucional e internacional, diseñado para los supuestos en los que un Estado falla en proteger derechos básicos o incurre en prácticas que rozan, cuando no directamente, cometen excesos punitivos.

Ningún Estado —por muy consolidado que se crea— está exento de responder ante la comunidad internacional cuando erosiona los cimientos del orden jurídico universal. Esa es justamente la premisa de quienes fueron apaleados en un aeropuerto por el mero hecho de llegar y querer reunirse con sus familiares y allegados.

Por tanto, la conclusión es inevitable:

La dignidad humana sigue siendo el primer territorio en disputa. La Global Sumud Flotilla encarna esa resistencia tranquila que sostiene una verdad incómoda: la justicia no es una consigna, es un horizonte

Es por ello que frente a la tentación de normalizar lo anómalo, el Derecho exige algo tan simple como también difícil: proporcionalidad, garantías y respeto a la persona.

Que cada cual asuma la responsabilidad que le toca, Ctrl+Alt+Toga y el Derecho ya ha hablado; ahora le toca hablar a la conciencia.

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